miércoles, 30 de noviembre de 2011

2. Volver a empezar

Septiembre, 1948

Habían pasado tres años desde aquella discusión, y el mundo era un lugar diferente. Lo que antes había sido una alianza entre Rusia y los Estados Unidos se había convertido en una fuerte tensión, pero no era algo que afectara a la vida diaria de Summer Coleman. Mientras corría bajo la intensa lluvia de camino a casa con su hermana Julia, le dio vueltas a lo mucho que había cambiado su vida desde entonces.

A pesar de que no lo dijera en voz alta, y menos aún en presencia de su madre, Summer era consciente de lo mucho que había cambiado su vida desde que Theressa Coleman se había casado con George, el mecánico.

El final de la guerra había traído cambios. Todos habían sufrido, pasado hambre o perdido seres queridos, y otros muchos habían muerto. Pero en aquel frío septiembre de 1948, ella y su familia llevaban una vida mucho mejor de lo que habrían imaginado unos años atrás. Todos los hijos, excepto Matthew, que ya tenía dieciocho años, tenían pensado retomar sus estudios.

Su situación económica había mejorado hasta el punto de igualar, o incluso mejorar, la que tenían al principio de la guerra. Resultó que George era dueño de muchos de los talleres de la zona, y que había trabajado allí por invertir su tiempo en algo, ya que nunca había estado casado, ni tenía una familia de la que ocuparse.

- ¿Que te ha parecido? - el apenas audible susurro de su hermana la sacó de su ensimismamiento. Parecía apenada. Volvían de visitar lo que a partir del día siguiente sería su colegio, o su cárcel. La academia femenina St. Peterson, donde la dos hermanas estarían internas. La sola idea le producía nauseas a Summer. Una larga guerra ocupándose de criar a sus hermanos, y ahora la encerraban como a una niña estúpida que no puede cuidar de si misma. Lo único que la consolaba era el hecho de que Julia iría con ella.

- Es un sitio... interesante. - Summer forzó una sonrisa, como si la idea de estar interna le hiciera cierta ilusión. Sabía que era inútil, su hermana había escuchado los gritos y los más suculentos insultos que le había dedicado a su madre cuando les dio la noticia, pero no podía evitarlo. Julia era su vena sensible. Se parecían mucho, tanto en físico como en personalidad. Siempre había intentado protegerla, y esta vez no sería diferente. - Seguro que al final nos gusta.

Su hermana suspiró, e hicieron el resto del camino en silencio.

Cuando por fin, empapadas, llegaron a casa, Summer y Julia oyeron la voz de George en el comedor. Debía estar con alguien del trabajo, ya que hablaban de cosas muy técnicas sobre un coche que les habían traído. Summer, aprovechando que no las habían oído, se dirigió a su habitación con intención de cambiarse y que no la vieran con esa pinta, pero no tuvo tanta suerte.

-¿George? - llamó Julia dirigiéndose al lugar de donde provenían las voces. Y Summer no tuvo más remedio que seguirla.

Cuando entraron en el salón, Summer se sonrojó sin poder evitarlo. De pie junto a su padrastro se encontraba Jack McCawley, el joven de 22 años que había trabajado con George hasta hacía unos años. Cuando ella tenía doce años y algún rato libre, se dedicaba a mirarle trabajar y suspirar cada vez que le sonreía. Por aquel entonces Jack contaba 17 años y, a pesar de tener novia, le gustaba alegrar el día a la pequeña Summer llevándole alguna flor y diciéndole lo guapa que estaba. Aquella rutina se había roto meses después, cuando se fue a la guerra, y no se habían vuelto a ver. A pesar de ser una tontería que ya no le importaba en absoluto, Summer había imaginado un reencuentro en el que, por lo menos, ella llevara ropa seca y el pelo bonito.

- ¡Aquí están las señoritas de la casa! Summer, te acuerdas de Jack, ¿Verdad? - George intentó hacerla volver a la realidad.

- Parece que sí. Una no olvida tan facilmente su primer amor. - Ese comentario hizo que ella se sonrojara aún más. Se acercó y le dio un abrazo que años atrás le habría provocado un infarto.- Has crecido muchisimo. ¡Y que decir de la pequeña Julia!

Fue entonces cuando Summer se fijó en un chico de pie en medio del salón. George le hizo señas para que se acercara a él.

- Summer, este es Seth, el hermano de Jack. Tal vez os conozcáis.

- La verdad es que no, pero es un placer. - dijo Summer mientras estrechaba su mano, intentando recuperar algo de la dignidad que sabía que acababa de perder. Le dedicó una sonrisa encantadora mientras analizaba al chico.

No se parecía en nada a su hermano, era más bien todo lo contrario. Era más alto y musculoso que Jack, y tenía la piel algo tostada, como si hubiera vivido en un lugar muy soleado. Vestía pantalones marrones y una camiseta blanca sin mangas que se ceñía perfectamente a su cuerpo. Por encima de esta llevaba una camisa color kaki sin abrochar que le daba un aire de lo más informal. Llevaba el pelo, al contrario que su hermano, más bien largo, liso y castaño. El flequillo casi de llegaba hasta los ojos, que eran oscuros y misteriosos. Lo remataba una sonrisa blanca de medio lado que hacía contraste con su piel bronceada. Parecía muy divertido ante la expresión y el aspecto de Summer, lo que hizo que esta se sonrojara aún más.

Summer pensó que no podía ser mucho mayor que ella. A pesar de su altura y músculos, quedada en su rostro cierto aire infantil que le daba cierto aspecto de niño en un cuerpo de hombre. Su madre habría dicho que era un desaliñado, pero a Summer le pareció el chico más guapo que había conocido. Se pregunto que les darían a los chicos McCawley en casa para tener ese aspecto.

- Seth va a trabajar conmigo de aquí en adelante, así que puede que os veáis de vez en cuando. - comentó George.

- ¿O sea que ya has acabado el colegio? - pregunto Summer, como una indirecta para descubrir la edad del chico.

- En realidad, no. Acabo de cumplir dieciocho - bingo - pero no me va mucho eso de estudiar. Pero supongo que tú serás la estrella de la clase. - dejo caer con una sonrisa pícara.

- Tal vez. - Summer también sonrió. Pareció que Seth iba a añadir algo, pero en ese momento Theressa Coleman entró por la puerta.

- ¡Hola! George, casi había olvidado que habías invitado a los McCawley. Jack, cariño, te hemos echado de menos, y... - dedicó una mirada reprobatoria a Seth, como si no le pareciera lo suficientemente bueno para estar en su casa. Después añadió con cortesía - ¿Os quedaréis a cenar?

- En realidad, será mejor que nos vayamos. Pero gracias por la invitación. Vamos, Seth. - el menor lo siguió hasta la puerta y salió, no sin antes guiñar un ojo a Julia, algo que escandalizó a su madre, y provocó una risita a las dos hermanas.

Cuando se hubieron ido, Theressa Coleman expresó libremente su opinión acerca del nuevo empleado.

- ...¡Pero si es un crió! Debería estar en el colegio, o en un reformatorio, con esas pintas.... ¡Con lo buen chico que es Jack!

- Tessa, conozco a Seth McCawley desde que gatea, y te aseguro que es un chico muy responsable. - contestó George, dejándose caer en el sofá.

- ¡Con esas pintas! ¿Lo has visto? La camisa sin atar... ni siquiera llevaba sombrero... ¿Y ese pelo tan largo? ¿A quién se le ocurre? Ni que viviera en la jungla...

Summer se acostó en cuanto terminó de hacer la maleta. Se compadeció del pobre George, solo con su madre hasta Navidad, aguantando sus prejuicios. Por suerte Matthew pasaría por allí de vez en cuando, o irían a visitar a los tres pequeños al Internado Branford. Estar tres meses sin ver a sus padres no podía ser bueno para unos niños de diez años.

Lo último en lo que pensó antes de sucumbir ante el sueño fue en los largos meses que le esperaban en el internado.

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